Desde que se escribir tengo diario íntimo, tengo pilas y pilas de diarios. En una época no entendía como funcionaban y escribía todo lo que hacía y me aburría un montón. En otra época el diario funcionaba como mi amigo y la hablaba sin parar en una mini letra incomprensible. Por momentos se llenaban de dibujos y cosas de trabajo y de estudio. Hubo un tiempo en que escribía mis diarios en paredes o lugares públicos por pura diversión, aunque tengo que confesar que me daba timidez.
Me encantan los cuadernos de hojas lisas, escribir en cualquier orden, atravesar de una hoja a otra con las palabras puenteando las costuras los margenes invisibles contorneando los bordes o dejando espacios enormes en blanco.
Existe un lugar llamado Java, donde las personas llevan ropas que dicen todo sobre ellas, si están casadas, a donde van, el rango social, la situación financiera. Tanta información hay dibujada en esos trajes que las personas no precisan ser presentadas unas a otras, con solo hechar un vistazo se conoce vida y obra. Como un diario escrito y dibujado en un vestido. En eso pensaba cuando escribí mis diarios en paredes o en veredas en lugar de en hojitas minúsculas escondidas entre dos tapas bajo muchos cuadernos en un placar.
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